Ingresé a la Primaria en 1975. Todavía se escuchaba en la radio un himno que decía algo así como “con Velasco El Perú”. Estudiaba en un colegio antiguo -de esos con patio y campana- que se llamaba Francisco Fabio Brenner; la misma escuela donde estudió Nicomedes Santa Cruz. Recuerdo una actividad del centro educativo con Don Nico recitando A cocachos aprendí en el centro del patio. Mi colegio quedaba en Lince, ya no existe.
Una imagen que tengo en la memoria es a mi brillante profesora Herminia Añorga de Cueva entregándonos unos libros del gobierno, nos decía que había que cuidarlos porque al otro año los pasaríamos a otro niño. A su vez, otro estudiante -de año superior- haría lo mismo con nosotros. La profesora me convenció que tenía que ser responsable con el libro, aunque me daba pena saber que no me quedaría con esas figuras tan bonitas. Y con personajes como María Chucena y Periquito el Bandolero.
Hace algunos años encontré versiones modernas de esos libros con las mismas ilustraciones, así descubrí que la dibujante se llama Charo Núñez. Mi hija beberá en las mismas fuentes educativas. Este reparto de libros debe haber ocurrido al entrar al segundo grado. Pero no tengo los materiales originales de los dos primeros años de primaria. En cambio conservo tres libros del tercer grado -son de 1976, pero yo los recibí el 77-, esta vez si podía quedarme con ellos. El de Ciencias Naturales está desarmado pero completo, el de Lenguaje un poco menos conservado, pero el de Ciencias Histórico-Sociales -de tanto leerlo y dibujarlo- está hecho trizas,desgraciadamente no tengo la portada ni los créditos y faltan muchas páginas.
Esos libros revelan cosas interesantes. Por ejemplo, el de Lenguaje está lleno de relatos que buscaban transmitir valores como la solidaridad. Y por supuesto tenían una fuerte dosis de nacionalismo: “Porque mi patria es hermosa como una espada en el aire…”. Acabo de ver que en el poema de Javier Heraud había unas líneas que nos permitían agregar un verso personal. Contenía también muchas cosas sobre folklore andino; para mí era lo más natural porque mi padre es de Cajamarca y madre de Ayacucho, pero imagino a otros niños -y a sus padres- mirando estas cosas de “serranos”, debieron causarles un gran impacto.
El libro de Ciencias Sociales es sensacional. Los dibujos son de varios estilos, realmente sería agradable conocer a los que trabajaron en estos materiales. Había varios bloques de temas: Esta es nuestra historia, Esto es el Perú, Problemas de trabajo, Unidos trabajamos mejor, Necesitamos unirnos con otros pueblos, etc. Nos entrenaban en asuntos propios del gobierno de esa época: el Pacto Andino, las SAIS, las cooperativas, etc. Había un énfasis especial en los derechos laborales.
Y ahora me doy cuenta de cosas realmente curiosas, como esos trabajadores de la caña que tienen todo el perfil de los personajes de la iconografía moche. A propósito, me parece que en la televisión había un programa cuya cortina mostraba unos segundos de dibujo animado peruano: los mochicas agarrados de la mano bailando una versión de Llaulillay: “El amor es una planta, llaulillay, que crece y se marchita, llauliyay…”.
En esos años hasta los cuadernos tenían mensajes educativos. Las carátulas traían escenas de los diversos departamentos del Perú, pregoneros de Lima, fauna peruana en peligro de extinción o las inolvidables vicuñitas de Kukuli Velarde, la hija de Alfonsina Barrionuevo. Nada que ver con los cuadernos actuales, con personajes de la televisión, con sofisticados diseños pero vacíos de contenido.
En los años siguientes de la primaria se acabaron los libros de regalo y nuestros padres tuvieron que comprar las enciclopedias de moda: Bruño o Venciendo. Ya estábamos en cuarto grado. En 1979 y 1980 conmemoramos el centenario de la Guerra del Pacífico; un largo poema declamado en homenaje a Grau y una interpretación teatral encarnando a Bolognesi marcarían para siempre mi vida. Nunca más podría alejarme de la Historia.
Pero pronto se acabó la inocencia de los primeros años escolares y el mundo ideal se terminó. Nuestra profesora nos hablaba de la justicia de las huelgas del SUTEP, los padres de familia comentaban acerca de los profesores secuestrados y torturados, en las calles de Lince la policía reprimía a los escolares de secundaria. La Segunda Fase del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada llegaba a su fin, volvía la democracia y la violencia estaba a punto de ponernos al borde del abismo. Casi sin darnos cuenta estábamos en la secundaria.
Virgilio Freddy Cabanillas
999107298




