La diablada altiplánica. Herencia cultural en la encrucijada.

El Perú y el Alto Perú. Un nombre compartido.

Algunas personas no quieren entender que entre el Perú y Bolivia hay una frontera política, pero no un límite cultural. Incluso desde la historia política hay una estrecha relación que se pretende olvidar.

Desde el siglo XVI hasta la creación del virreinato de Buenos Aires la audiencia de Charcas fue parte del Virreinato del Perú. En 1809 en la Proclama de la Junta Tuitiva (firmada por Pedro Domingo Murillo en La Paz), se hacía alusión al “Imperio del Perú” en sentido de pertenencia. Y los mismos Libertadores Bolívar (carta a Sucre del 26 de abril de 1825) y Sucre (Memoria presentada a la Asamblea General de los departamentos del Alto Perú el día de su instalación), insisten en llamar Alto Perú a lo que después fue Bolivia. Renegar de un nombre que también es suyo, es darle la espalda a su propia historia.

Incluso el Acta de Independencia de nuestro vecino dice Alto Perú en cuatro ocasiones. Lo mismo hallamos en los historiadores e investigadores bolivianos, que recuerdan la antigua denominación. Por ejemplo:

Manuel María Urcullu: Apuntes para la historia de la revolución del Alto-Perú, hoy Bolivia (1855).

Octavio Moscoso: Apuntes biográficos de los próceres y mártires de la guerra de Independencia del Alto Perú, Bolivia (1885).

Gabriel René-Moreno: Últimos días coloniales en el Alto Perú (1896).

Luis Paz: Historia general del Alto Perú hoy Bolivia (1919).

Alcides Arguedas: Usa el nombre de Alto Perú en su Historia general de Bolivia (1922).

Julio Rodríguez Rivas: Médicos y brujos en el Alto Perú, Enciclopedia boliviana  (1989).

Igualmente autores internacionales:

Baldomero José Menéndez: Manual de Geografía y Estadística del. Alto Perú o Bolivia (1860).

Nicolás Sánchez Albornoz: Indios y tributos en el Alto Perú (1978).

Podríamos insistir en los procesos históricos que compartimos, como por ejemplo la guerra con Chile. En aquella ocasión el Perú fue arrastrado a un conflicto por cumplir honorablemente su alianza con Bolivia. Las consecuencias fueron terribles para nuestro país, pero nunca he escuchado a un boliviano agradecer el gesto del Perú, al menos en esta generación. Y ser desagradecido es uno de los antivalores más ignominiosos del ser humano.

Moneda histórica: El Perú. Potosí. Año 1680.

La diablada altiplánica

Se trata de una manifestación cultural que ha evolucionado en el tiempo, con aportes y matices de uno y otro lado del lago. El antecedente más notable es la representación de ángeles y diablos danzando, que los misioneros jesuitas presentaban en Juli (Puno) a fines del siglo XVI (Ricardo Arbulú Vargas, Enrique Cuentas Ormachea).

Por cierto, en diversas partes del Perú hay danzas de diablos, diablicos o saqras: Cajamarca, Piura, Lambayeque, La Libertad, Lima, Cusco, etc. La diablada altiplánica no es un caso aislado.

Martínez de Compañón: Danza del ángel y demonios (norte del Perú, siglo XVIII) / Pancho Fierro: Son de los diablos (Lima, siglo XIX) / Enrique Brüning: diablos de Lambayeque (1900 aprox.).

Mariella Bereche: Diablicos de Huancabamba / Agencia Andina: Diablicos de Túcume / Municipalidad de Cajabamba: Diablos de Cajabamba / V. F. Cabanillas: Saqras de Paucartambo.

En el caso de Puno, hay diablos que bailan con los sicuris en los siglos XIX y XX. La agrupación más famosa de sicuris es la del Barrio Mañazo, que se remonta a 1892. Los pobladores de esta localidad -matarifes y arrieros-, difundieron por el Altiplano su comparsa de diablos (Juan Palao: La diablada puneña. Origen y cambios, 2010).

Gracias al profesor Juan Carlos La Serna (UNMSM), que ha publicado varios documentos (Sicuris, máscaras y diablos danzantes. Historia de la Diablada y la identidad cultural en Puno. MINCUL, 2018) tenemos información que antes los autores bolivianos e incluso peruanos desconocían. Pero la historia se basa en fuentes y ahora están publicadas.  

Hacemos una selección de los documentos publicados por La Serna:

  1. Relación remitida al obispo de Puno por Mariano Arriaga, cura de la doctrina de Atuncolla. Puno, agosto de 1868. Archivo del Obispado de Puno.

El sacerdote menciona bailes «degenerados» como aquellos «con nombre de Lanlacos o Diablos», «porque sirve de completa irreverencia a la Majestad Divina con acciones indecentes y bulla de cencerros». 

2. Diablos en Juli (1936)

Jorge Dulanto Pinillos describe una festividad: «Juli está de fiesta, celebrando a Nuestra Señora de la Concepción, patrona del pueblo. En la plaza, los indios alcanzaron un ritmo perfecto. Los tañadores de quenas, los tamborilleros vestidos con riquísimos trajes, llevando lunas en la frente, collares de medallas de oro y plata, cinturones de color, forman un friso de perfecta unidad rítmica. Hay ángeles, como las representaciones medievales del paraíso, diablos a montones, satanaces y luciferes futres y endomingados que no huelen a azufre ni tienen colas de llamas».

3. Comparsa de sicuris Juventud Obrera, en la festividad de la Virgen de la Candelaria. “La fiesta obrera de ayer”. Los Andes, 15 de febrero de 1937.

«Después del consabido lunch criollo, alternado con vino, cerveza y (…) se inició el baile de la «pandilla» a los acordes de una numerosa banda de «Sicuris» muy bien presentada, ingresando la comparsa a la ciudad por el Arco Deustua en número de 44 parejas, delante de las cuales marchaba, para abrirles paso una pandilla de diablos, chunchos, pieles rojas, chuttas, en número considerable. Acabado el recorrido en el Arco Deustua y la plaza Pino, se retornó al local de la Calle Lima N° 5».

Cómo se puede apreciar, ya en ese tiempo los puneños gustaban de incorporar “figuras” del cine y la historieta como los pieles rojas.

4. En 1946 Jaime Serrutto Florez describe la presencia de diablos en los sicuris: Tipos, costumbres y danzas de mi tierra. Archivo Histórico Regional de Cusco. Monografías, Vol. VI, N° 22.

«(…) forman parte también de la comparsa [de sicuris] una infinidad de danzarines con sus disfraces respectivos y portando una careta según lo que representan. Entre estas figuras tenemos: el sajra o diablo, cuyos atavíos son: un pantalón largo y bien ajustado que llega hasta los tobillos, de la cintura le pende una especie de falda, pero recortada en seis partes, lleva una camisa con mangas largas, por encima del pecho lleva un pañolón de color, la cara la tiene recubierta por una careta que representa al diablo, de aspecto repugnante lleno de reptiles; en la cabeza llevan peluca blanca. Es el tipo más ágil pues danza dando saltos en el aire y moviendo los pies con rapidez pasmosa, en una mano lleva el trinche y en la otra una representación hecha de barro de una criatura. […] detrás de este va otro danzarín que se denomina “Ángel” cuya vestimenta consiste en una bata hecha y bordada con hilos de plata, llevando por careta la representación de una fisonomía de mujer hermosa».

5. También en 1946, Augusto Robles Gutiérrez (Fiestas y danzas indígenas en el departamento de Puno) relaciona sicuris con diablos:

“La danza de los sicuris podemos dividirla si se quiere en dos planos para así darnos cuenta cabal como es la estructura de estos bailes, así tenemos en primer plano: las comparsas propiamente dichas, o sea donde están los músicos acompañados de los tambores, platillos, triángulos, bombos, etc. Los zampoñistas van en línea de una fila ocupando las dos veredas de la calle, las zampoñas son de distintas clases y tamaños que dan diferentes notas, los instrumentos según la nota que dan toman el nombre de arcas y iras, nombres dados todos ellos por los mismos zampoñistas.

En segundo plano tenemos a otro grupo de bailarines que intervienen en esta danza, llamados las figuras, estos van bailando por delante de los músicos. Estas figuras son peculiares, hay que verlos bailar, ellos causan mucha hilaridad, y distracción ya sea por el vestido que llevan y las distintas maneras que tienen de bailar cada figura.

Citaremos unas cuantas y principales figuras, entre ellas tenemos el diablo, cuya vestimenta consta de una gran peluca color rojo trenzado con cintas de seda, luego viene una grotesca careta hecha ingeniosamente de yeso imitando a dragones, serpientes, dando la forma más horrorosa, luego viene una especie de pechera, adornado por lentejuelas y cintas de todo color, en la espalda pende un pequeño mantón de seda, más después viene un calzoncillo de pierna larga y de la cintura pende una especie de pollera recortada en varias secciones, de la misma manera adornados primorosamente con piedras de color, lentejuelas, brocados y cintas de color, usan guantes de color y llevan una arma contundente llamada trinche, que le sirve para hacer asustar a los chiquillos y demás gente que miran pasar a los bailarines. El movimiento de este baile consiste en dar pequeños saltos cruzando los pies, y alzándolo a una considerable altura, por consiguiente para bailar este baile el individuo deberá tener cierta resistencia física para así soportar los diferentes recorridos que se hacen en la ciudad».

Estos datos traen al piso la tesis boliviana que en el Perú no había diabladas porque no ha quedado registrada música propia. Queda claro que era con sicuris.

Don Pedro Andrés Corrales Flores

Por supuesto que en Bolivia también hay registros antiguos, pero son bastante conocidos y están publicados. Pero es necesario precisar que en la conformación de la famosa diablada de Oruro, tuvo un papel fundamental un peruano, don Pedro Corrales. Cuya nacionalidad fue revelada por su propio nieto Francisco Corrales en entrevista concedida a Ariel Villazón. Cómo sabemos los hijos recibimos la información acerca de nuestros abuelos de boca de nuestros padres. Esa información oral transmitida por la familia es certera, a menos que se haya querido ocultar el origen del abuelo de manera premeditada. Que no es el caso.

Fragmento de la entrevista:

-Cuéntenos, ¿Usted es el nieto de don Pedro Pablo Corrales antiguo bailarín de diablada de Oruro no es cierto?

-Correcto, pero hay un error en el nombre, se van equivocando bastante. Mi abuelo se llama Pedro Andrés Corrales Flores. Es el nombre propio del abuelo.

-¿No es Pedro Pablo entonces? ¿Pedro Andrés entonces era orureño?

-No, el es peruano. Nacido en Puno en una de las provincias…

-Este término «mañazos» viene de Puno, de la zona de Puno, ¿Por qué los bolivianos empiezan a usar el nombre de «mañazos»?

-Bueno, últimamente hemos hecho algunas investigaciones según los historiadores de acá de Oruro, que viajaron precisamente por Puno, e indican que hay un pueblito cercano a Puno llamado Mañazo…

Sin embargo, luego de muchos años, Francisco Corrales, influenciado por un conocido anti peruano -que está en permanente campaña contra nuestro país-, se ha desdicho. La razón, le han mostrado una partida de matrimonio en la que Pedro Corrales es anotado como nacido en Cochabamba. Resulta que ahora se llama Pedro Daniel y no Pedro Andrés ni Pedro Pablo. Si fuera la única fuente el dato sería inobjetable, pero al existir una fuente oral de primera mano, la partida queda en entredicho. Demás está señalar que en la documentación registral antigua hay innumerables casos de data inexacta o confusa. Por cierto, en la nueva entrevista Francisco Corrales señala que el origen peruano de su abuelo era información manejada por los historiadores de Oruro. Era vox populi que era peruano.

Imágenes reveladoras

Postal de 1916. Diablos danzando en Oruro. Uno de los bailarines luce el escudo del Perú en el pecho.

Diablos danzando en la plaza principal de Puno (1922). Col. Elard Chaiña.

Diablo puneño (1922). Col. Elard Chaiña.

Martín Chambi: Diablo puneño (1925 aprox.).

Diablo puneño (1928). Colección Lizandro Luna.

Abraham Guillén: Saqra Tusuy (1939 aprox.). El autor hizo un notable registro de trajes y danzas de la sierra peruana.

Pierre Verger: Diablada de Ichu (1943). Fotografía publicada en el libro Fiestas y danzas en el Cuzco y en los Andes (1951).

Pierre Verger: Diablo de Ichu (1943). Fotografía publicada en el libro Fiestas y danzas en el Cuzco y en los Andes (1951).

Diablada de Ichu. Ilustración del libro Conozca el Perú, de Teófilo Maguiña (1965).

Máscara de saqra. Colección Arturo Jiménez Borja.

Víctor Humareda: Procesión serrana (década del 60). Museo de Arte de Lima.

Arcángel. Colección Arturo Jiménez Borja.

Álbum Mi Perú 3. Editorial ALMEX (1967).

Miniaturas peruanas de plástico (década del 70). Colección V. F. Cabanillas.

Diablita puneña. Fiesta de la Candelaria 2007. Fotografía: V. F. Cabanillas.

Karen Schwarz, Miss Perú Universo 2009. Traje diseñado por  Ricardo Dávila.

Los bolivianos que atacan al Perú usan insistentemente un texto del autor peruano Roberto Valencia, que en 1968 (Los Andes, 20 de febrero) criticó la presencia de danzas bolivianas en la festividad puneña. Es obvio que desconocía las fuentes que explican el proceso de las danzas altiplánicas. Lo que los críticos bolivianos olvidan, es que inmediatamente Valencia fue refutado en el mismo diario por Luis Abarca (Los Andes, 28 de febrero) con una frase contundente:

«La Diablada es una danza común perteneciente a ambos países como es el lago milenario […] no se puede admitir que la Diablada sea de exclusiva propiedad de la vecina república de Bolivia sino de la meseta del Collao». Es honesto contar la historia completa.

Por eso no es de extrañar la desconcertante presencia de símbolos propios del escudo peruano en trajes bolivianos, en los primeros años del siglo XX. Asunto estudiado por José Morales Serruto.

También leemos con insistencia que «todo es de Bolivia», porque cuando las bandas, mascareros y bordadores peruanos no se dan abasto, ha sido costumbre traer músicos e indumentaria del otro lado de la frontera. Eso nunca fue un problema, porque se comparten similares manifestaciones culturales. Hoy en cambio se ha sembrado el árbol de la discordia y sus frutos son venenosos. Por cierto, también las agrupaciones peruanas se han presentado en Bolivia. Víctor Villar («Medio siglo de diabladas». Los Andes, 5 de marzo de 1968) señala lo siguiente:

«Y por un fenómeno análogo, las actuales diabladas, morenadas, llameradas, cullahuadas, etc. etc. de las provincias limítrofes del Perú y Bolivia, triunfan aquí o acullá, solamente por su mayor prestancia, señorío, técnica, las que hoy por hoy, se yerguen más en Puno, al punto de haber alcanzado mayor suceso en la propia capital de la hermana República, en pleno corazón de La Paz, en medio de caudalosos aplausos». Ya imagino la sonrisa que se dibuja en los labios de mis lectores puneños.

VARIEDAD DE DANZAS PUNEÑAS

Similar situación pasa con la morenada. Por cierto, en todo el Perú hay danzas de negritos, negrillos y negrerías (Huánuco, Pasco, Junín, sierra de Lima, Huancavelica, Cusco, etc.). Igual que la diablada, la morenada del Altiplano no es un caso aislado, inventado de la nada.

PÁGINA 3: Negritos de Huánuco / Asociación Cultural Auténticos Negritos de Vicco / Correo: Negrería de Andabamba / Lucero Centeno: Qhapaq Negro de Paucartambo.

Recurrimos nuevamente a los documentos publicados por el profesor La Serna para verificar la presencia de “morenos” o “negros”, en las fiestas puneñas. Por ejemplo, la descripción de la  Fiesta de la Candelaria de 1912, en el artículo “Fiesta de la Patrona” publicado en El Inca. Diario de la tarde (5 de febrero).

«Desde la mañana del sábado una cabalgata de indios en su mayor parte ebrios, han interrumpido el silencio de nuestra ciudad con la tradicional entrada, acompañados de morenos, llameros y todo el conjunto de devotos que componen los bailes. Un movimiento inusitado de indios y el bullicio que genera estas fiestas fue precursora de la fiesta de la Candelaria. (…) A las 2 y media de la tarde salió la procesión, la Virgen que lucía elegante (…) recorrió las calles de Lima, desde el templo de San Juan, para dar una vuelta completa a la Plaza de Armas, para regresar por la calle de Arequipa (…). Numerosos fieles en su mayor parte indios, escoltaban la procesión, junto con los llameros, morenos, sicuris, etc., formando una apiñada muchedumbre, no ha faltado el tradicional danzante, y otros rezagos de los tiempos atrás que todavía subsisten. (…) Hoy ha quedado restablecido el silencio; sin embargo, uno que otro moreno con su vestido vistoso y sus plumas coloreadas transita las calles». 

En 1928, Emilio Romero (El departamento de Puno) describió el lujo ornamental de la indumentaria de los sicuris:

«Consiste en un grupo de indios vestidos de caballeros de la edad media, con grandes anacronismos. Entre ellos hay que ver al torero, con auténtico traje de luces, la sota de bastos del naipe español vestido de fino terciopelo, los caballeros de empolvada peluca y levitas bordadas con brocados de oro y filigranas de plata junto a las piedras preciosas, falsas o legítimas, millares de lentejuelas y cintas de sedas brillantes. Todos llevan la zampoña en la mano y bailan en rueda arrastrando los pies en pasos menudos al compás de la música que toca una fanfarria que repiten elegantemente».

Traje de plata de un danzante del Alto Perú del siglo XVIII, Virreinato del Perú. Museo Oro del Perú (Lima).

Max Uhle: danzarines y sicuris. Véase detalles como la escarapela peruana, las máscaras, las matracas, los sicus, etc. Fotografía de inicios del siglo XX, conservada en un conjunto de vistas peruanas del Ibero-Amerikanisches Institut (Berlín).

Músicos y bailarines de Juliaca a inicios del siglo XX. Véase los sicus, plumas, trajes vistosos, alguna matraca e incluso una máscara de diablo al lado izquierdo. Alberto Giesecke. Colección PUCP.

Juliaca (1913). Morenada antigua. Además hay un danzante con máscara de diablo, detrás de las señoras.

Pierre Verger: Morenos de Ichu (1943). Fotografía publicada en el libro Fiestas y danzas en el Cuzco y en los Andes (1951).

Danzantes de Juli (1947). Fotografía conservada por la señora Maricela Yturry Gandarillas.

Festividad Virgen de la Candelaria UNESCO

Acerca de esta famosa celebración fiesta circulan versiones diversas en las redes. En este caso sólo interesa la información de la página oficial de UNESCO en su sección Patrimonio Inmaterial de la Humanidad:

«Celebrada el mes de febrero de cada año en la ciudad de Puno, la festividad de la Virgen de la Candelaria comprende actos de carácter religioso, festivo y cultural que tienen sus raíces en tradiciones católicas y elementos simbólicos de la cosmovisión andina. Las fiestas dan comienzo a primeros de mes con la celebración de una misa al alba, a la que sigue una ceremonia de purificación ancestral. Al día siguiente por la mañana, tras un acto litúrgico, se transporta una imagen de la Virgen de la Candelaria para hacerla recorrer en procesión las calles de la ciudad con el acompañamiento de danzas y músicas tradicionales. Luego, las fiestas prosiguen con la celebración de dos certámenes en los que compiten unos 170 grupos de toda la región, que totalizan 40.000 bailarines y músicos aproximadamente. Los participantes principales en esos certámenes son los habitantes de etnia quechua y aimara de las zonas rurales y urbanas de la región de Puno. Muchas personas oriundas de Puno que emigraron de la región vuelven a esta con motivo de las fiestas de la Candelaria, lo cual contribuye a reforzar en ellas un sentimiento de continuidad cultural. Tres federaciones regionales de practicantes de este elemento del patrimonio cultural colaboran en la organización de las festividades y en la preservación de las técnicas y conocimientos tradicionales relacionados con la danza, la música y la fabricación de máscaras. La transmisión a las generaciones más jóvenes de todos esos conocimientos se efectúa mediante la organización de ensayos musicales y coreográficos, y también mediante la creación de talleres para la fabricación de máscaras. Las fiestas finalizan con una ceremonia en honor de la Virgen, un concierto y misas de despedida». https://ich.unesco.org/es/RL/la-fiesta-de-la-virgen-de-la-candelaria-en-puno-00956

Como se puede apreciar no se mencionan danzas bolivianas como señalan algunos propagandistas anti peruanos en las redes. Además se incluye un conjunto de fotografías, algunas de las cuales reproducimos a continuación:

https://ich.unesco.org/es/RL/la-fiesta-de-la-virgen-de-la-candelaria-en-puno-00956

Hay que agregar que tanto la Festividad de la Virgen de la Candelaria como el Carnaval de Oruro ostentan la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por Unesco. La categoría Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, que tanto proclaman en Bolivia, ya no existe en la página oficial de UNESCO:

https://ich.unesco.org/es/RL/el-carnaval-de-oruro-00003

Plagio, plagio…

Desde Bolivia hay una campaña feroz en las redes para denigrar al Perú. Insisten irresponsablemente en acusarnos de plagiarios. Maticemos.

Una de las canciones más representativas de Bolivia dice a la letra: «Viva mi patria Bolivia / Una gran nación / Por ella doy mi vida / También mi corazón…». Es una cueca boliviana, un ritmo que deriva de la zamacueca de la costa peruana. Es decir una variante. ¿Alguna vez han escuchado a algún peruano acusar de plagiario a los cultores de la cueca? Nunca, porque respetamos los los intercambios culturales entre países vecinos.

Igualmente, en el convite del Carnaval de Oruro 2026, hemos visto el uso del tumi (Cultura Lambayeque) en algunos ornamentos de los participantes. Y los peruanos no estamos en las redes gritando «plagio, plagio». También se ha visto a algún grupo de baile acompañado de su banda que interpretaba Tu amor compraré, un tema famoso del grupo peruano Los Pacharacos. Y los peruanos no hemos hecho un escándalo internacional por dicha canción.

Por cierto, ya que los bolivianos insisten en su originalidad y creatividad exclusiva, debo recordarles que en los años 50 algunos de sus mascareros usaban como modelo figuras de diablos tibetanos de la revista National Geographic. Por eso hay que ser cuidadoso antes de lanzar acusaciones contra el prójimo.

Carnaval de Oruro: Fraternidad Hijos del Sol Los Incas. Usan como símbolo el tumi de la costa norte del Perú.

La extraordinaria cantante boliviana Betzabé Iturralde en Machupicchu (1982). Tiempos de confraternidad e intercambio cultural. Lamentablemente, hoy pasamos por una etapa de chauvinismos irracionales.

Finalmente

Querer monopolizar una manifestación cultural de territorio fronterizo es absurdo. Por eso la UNESCO ha desestimado los reclamos bolivianos contra el Perú. Y gritar «plagio, plagio» como autómatas no es un argumento serio. Más hermandad y menos peleas. Lo digo desde un país que tiene trece Sitios de Patrimonio Mundial y quince manifestaciones de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad declarados por UNESCO. Por ello no necesita plagiar a nadie.

Incluso ambos países compartimos una de las declaraciones de Patrimonio Mundial:«Qhapaq Ñan – Sistema Vial Andino» y otra de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad: «Protegiendo el patrimonio cultural inmaterial de las comunidades aymaras en Bolivia, Chile y Perú (Registro de buenas prácticas de salvaguardia)». Entonces, ¿Por qué algunos insisten en pelearse con el Perú y negar la interculturalidad?

Con sus fantásticas cabezas zoomorfas, sus elegantes trajes multicolores y  sus movimientos graciosos y/o gimnásticos, los diablos danzarines no causan horror. Cuando bailan en las calles no traen desgracias ni maldiciones, por el contrario, todos sentimos que se celebra la vida. Y al terminar la fiesta, los viajeros nos acercamos a la imagen de la Virgen, para despedirnos y pedirle que nos permita volver a su santuario, a su fiesta y a su lago. Quizás el próximo año… «Vamos a cantar de noche y de día, que el Ave María no cese jamás…».

Virgilio Freddy Cabanillas Delgadillo

Todas las identidades: el imaginario nacional en la colección del Seminario de Historia Rural Andina.

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En el arte peruano contemporáneo distinguimos la producción enmarcada en el denominado arte popular y el trabajo de los artistas académico-profesionales. El primer rubro se refiere a la cultura viva de los pueblos manifestada en la plástica. Creatividad  transmitida de generación en generación, expresando en unos casos el mundo ritual y la cosmovisión de las comunidades nativas, y en otros la lucha diaria de los migrantes rurales en los centros urbanos. En estas obras los valores artísticos van acompañados de una carga antropológica vital para entender el sincretismo cultural de nuestros pueblos. Estas piezas contienen además, un valioso testimonio de los dolores y esperanzas de la historia reciente.

El arte popular constituye un medio de expresión con el que la mayoría de la población se siente identificada, a diferencia del arte académico cosmopolita que se siente ajeno y sólo para “entendidos”. En el Perú el hombre de a pie evita entrar a una galería de arte contemporáneo, un territorio que no ubica en su mapa cultural.

Respecto al arte académico-profesional, podemos señalar que ha transitado y transita por varias vías en un proceso de búsqueda constante: el autoexilio de los artistas que partieron para no volver, la reproducción de modelos importados de las metrópolis del arte, la apropiación creativa de dichos modelos creando un imaginario propio a través de un arte prestado y la producción plástica que se afirma en su identidad, que pretende su autonomía basada en el diálogo entre las formas e imágenes cosmopolitas modernas, lo ancestral prehispánico y ese cúmulo de propuestas que aporta el arte popular.

Nos interesa especialmente el diálogo entre el arte académico-profesional que se produce en los grandes centros urbanos y el arte popular-tradicional que tiene su raíz en las comunidades nativas, las poblaciones del interior y los talleres de artistas rurales -que por diversas razones- han emigrado a las grandes ciudades. El referido encuentro evidencia las tensiones y vinculaciones entre lo andino-amazónico y lo occidental, lo rural y lo urbano, lo popular y lo erudito, lo sagrado y lo profano. Dicotomía establecida por Gustavo Buntinx cuando estudia las apropiaciones del retablo ayacuchano por parte de la “plástica erudita” (1994: 13). El resultado es una modernidad alternativa en el arte peruano contemporáneo.

En relación con esto, reflexionamos en torno a una idea que hemos tardado en descubrir y asimilar en el Perú: es posible ser modernos sin dejar de ser nosotros mismos. En ese sentido, el antropólogo Carlos Iván Degregori hablaba de la “aparente paradoja” contemporánea:

«En pleno proceso de globalización, conforme se intensifican las comunicaciones, desplazamientos y vínculos entre todos los pueblos y Estados del mundo, se fortalecen al mismo tiempo las identidades y las lealtades locales, especialmente aquellas conformadas alrededor de la lengua, la religión, las tradiciones, las formas de organización social, es decir, alrededor de la cultura y la historia. Entonces, otra vez, se descubre que el Perú es un mendigo sentado en un «banco de datos», sobre un cofre lleno de infinitas creaciones, recreaciones y apropiaciones culturales cuyo flujo nunca se detuvo» (2004: 5).

Una y mil veces hemos escuchado quejas sobre la falta de identidad nacional en nuestro país. Y otras tantas ha surgido la interrogante ¿es posible esta identidad en un país tan complejo, variado y desarticulado? Hoy, Mario Vargas Llosa brinda una pista para reinterpretar el tema:

“El Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene identidad porque las tiene todas!” (Elogio de la lectura y la ficción). El Aleph es ese mundo misterioso que contiene multitud de lugares, algo así como el Perú:

«Aclaró que un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.

-Está en el sótano del comedor -explicó, aligerada su dicción por la angustia-. Es mío, es mío: yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada, mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph.

-¿El Aleph? -repetí. -Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos» (Borges, fragmento de El Aleph).

A partir de esto podemos decir que la identidad peruana consiste en la toma de conciencia de que esa complejidad étnica-cultural-lingüística, es nuestra mayor riqueza. La tolerancia tiene que ser un valor fundamental en este país que es la suma de las identidades. Y la plástica juega un papel importante en este proceso de autoafirmación en la diversidad.

Aquí conviene recordar una lectura fundamental. A fines de los 70 el crítico Juan Acha discutía el carácter y los desafíos del arte latinoamericano (Arte y sociedad. Latinoamérica). El referido autor señalaba que nuestras artes plásticas necesitan dejar su carácter dependiente y ajustarse a la realidad. Hizo un llamado a los artistas latinoamericanos a apropiarse críticamente de los “procedimientos” y “mecanismos teóricos” de la producción artística de Occidente y vincular el arte con nuestra realidad tercermundista y sus necesidades de transformación.  Señaló el papel del arte en la autodeterminación latinoamericana: “La importancia de las imágenes artísticas en el conocimiento de la realidad es evidente. Y este conocimiento, a su turno, es indispensable para cualquier cambio social” (1979: 112) Teorizar nuestra realidad -arte incluido- nos permitirá autoconocernos y autoimaginarnos: “[…] redefinir el arte implica redefinirnos” (1979: 113). De lo que se trata es de desarrollar un “pensamiento visual independiente” (1979: 21).

Sus influyentes ideas fueron debatidas por artistas, críticos, e historiadores del arte. Pienso que para el caso peruano, parte de los temas planteados por Acha encuentra solución en el encuentro, diálogo y mutua influencia entre los artistas académicos y los artistas populares. Para los primeros, una posibilidad es ahondar en medios tradicionales en cuanto a técnicas y repertorio de imágenes. El  recurso al arte popular.

Una institución en la que podemos estudiar estos procesos es el Seminario de Historia Rural Andina de la UNMSM. Si bien la mayor parte de su colección consiste en obras de arte popular, también hay piezas de artistas académicos que desde un lenguaje figurativo han tocado temas relacionados con la cultura popular.  Aquí el diálogo entre ambas vertientes es intenso y el SHRA no hace distinciones valorativas por el origen, simplemente todo es arte. Posee trabajos de artistas que estudiaron en la Escuela de Bellas Artes de la capital peruana, como Gamaniel Palomino (Lima), Juan Zárate (Jauja), Israel Tolentino (Tingo María), Félix Rebolledo (Catacaos) y Miguel Ángel Espinoza Salas (Arequipa).

También hay una obra de Benjamín Mendoza, artista latinoamericano -así prefiere se le designe-, un ciudadano del mundo que se afincó en el Perú, creador del jituikuntismo: desconcertante conjunción de dibujo, pintura, poesía y filosofía.

Mario Sierra (Andahuaylas) es un caso singular. Trabajador del Hotel Lima -donde vivía Víctor Humareda- se convirtió en ayudante y luego discípulo del genial pintor de La Parada.

También hay trabajos de artistas populares de variada procedencia, la mayor parte de ellos “descubiertos” por el SHRA: Félix Chumacero (Huancabamba), Genoveva Núñez Herrera (Ollantaytambo), Zoraida Jara (Bolognesi), Félix Condori Vilca (Huancané), Gladis Mascco (Parinacochas) y Pedro Arturo Torres Garay (Tarapoto).

Los artistas amazónicos están bien representados por Bahín Jisbe (Elena Valera), Pecon Quena (Lastenia Canayo) y Robert Rengifo de la nación shipiba, Enrique y Wilberto Casanto de la nación asháninka, Romer Yagkug de la nación awajun, así como Pablo Taricuarima de la nación cocama. El último de los mencionados ha recibido formación en la Escuela de Bellas Artes de Lima. Hay que estar atentos a los resultados de este artista popular que va al encuentro de las técnicas occidentales.

Finalmente, Víctor Marcañaupa y Sammirt Arribasplata representan a la juventud limeña emergente y autodidacta en arte.

Es una colección pequeña pero coherente. Sintetiza años de trabajo del Dr. Pablo Macera y de los investigadores del SHRA. Tras el lenguaje plástico personal de cada artista asoman visiones de la capital en la mirada del migrante, elementos de la compleja cosmovisión andina y amazónica, los seres naturales que pueblan nuestro país megadiverso, las actividades de la vida cotidiana desde sus propios protagonistas, reinterpretaciones de la historia nacional desde una perspectiva popular, versiones de la historia local -memoria alternativa- desconocidas en la historia “oficial”, rostros de nuestra gente con sus luchas, sueños y esperanzas. Incluso hay espacio para la fantasía desbordante de la juventud, con sus mundos alternos surrealistas.

La pieza emblemática elegida para ilustrar este texto es Pueblo naciente de Juan Zárate. Teniendo como marco un atardecer limeño, se aprecia el contraste entre una alta chimenea y una migrante serrana que cuelga prendas en un tendedero en lo alto de un cerro. El símbolo del progreso «ensucia» el cielo, la mujer humilde limpia y «purifica». Una versión moderna y popular de La lavandera de Laso.

Conjunción de artistas de las dos vertientes. Sin embargo, queda claro que el arte popular debe ser valorado con sus propios criterios. Por ejemplo, para el arte académico-profesional cada pieza debería ser obra única, para el arte popular el apego a la forma tradicional puede ser tan o más importante que la innovación. En ese sentido, llamar artesanos a los artistas populares queda fuera de lugar. Un asunto que se discutió intensamente cuando se entregó el Premio Nacional de Cultura 1975 a Joaquín López  Antay. El hecho motivó uno de los debates más intensos de la historia del arte peruano. Algunos críticos y artistas cuestionaron que se premiara a un “artesano” y se dejara de lado a los artistas “cultos”. El museólogo, historiador y crítico de arte Alfonso Castrillón destrozó este argumento -en varios textos publicados entre 1976 y 1977- y dejó en claro que es un error confundir arte popular y artesanía. El primero se define como la “expresión plástica” de las vivencias del hombre rural. La actividad artesanal es en cambio, una forma de producción no mecánica que elabora objetos con “cierta habilidad técnica” pero sin interés expresivo-comunicativo (2001: 148, 152, 160).

Descubrir el valor del arte popular peruano ha sido un proceso lento en el que han participado José Sabogal, Alicia y Celia Bustamante, Elvira Luza, Arturo Jiménez Borja, Alfonso Castrillón, Francisco Stastny, Pablo Macera, Emilio Mendizábal, entre otros. Importantes repositorios son el Museo de Arte de la UNMSM, el Museo Nacional de la Cultura Peruana, el Museo del Banco Central de Reserva, el Ministerio de Cultura, el Museo Etnográfico del Centro Cultural José Pío Aza, el Museo de Artes y Tradiciones Populares del Instituto Riva-Agüero (PUCP) y el Seminario de Historia Rural Andina de la UNMSM.

Una exploración de estos acervos es una excursión a varios imaginarios que conviven -en armonía y en tensión- en este Aleph realmente existente que es la suma de todas las identidades.

 

Referencias

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1979   Arte y sociedad. Latinoamérica. Sistema de producción. México: F.C.E.

ANDAZABAL, Rosaura.

2002  Félix Condori. Lagos, demonios y serpientes. Lima: UNMSM.

BRAÑEZ, Angélica.

2004  Félix Rebolledo. Una vida a través de su obra. Lima: UNMSM.

BUNTINX, Gustavo.

1994    El retablo erudito. Apropiaciones artísticas del sanmarcos andino. Alma Mater, (8), 12-22.

CABANILLAS, Virgilio Freddy y Juan SAN MARTÍN.

2007  La vocación del historiador. Entrevista a Pablo Macera. Tiempos, (2), 78-100.

CASTRILLÓN, Alfonso.

2001  ¿El ojo de la navaja o el filo de la tormenta? Lima: Universidad Ricardo Palma.

DEGREGORI, Carlos Iván.

2004 Enciclopedia temática del Perú. Vol. VIII. «Diversidad cultural». Lima: El Comercio.

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2005   Mario Sierra. La necesidad de expresión.  Lima: UNMSM.

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2009  Benjamín Mendoza. Eclosión de sueños. Lima: ICPNA.

MACERA, Javier y María Belén SORIA.

2004  Lastenia Canayo. Los dueños del mundo shipibo/conibo. Lima: UNMSM.

2002  Félix Chumacero. Vida y leyendas. Lima: UNMSM.

PACHAS, Sofía.

2005   Gamaniel Palomino. Lápices, tintas y óleos. Lima: UNMSM.

SALINAS, Alejandro.

2004  La otra historia. Héroes populares del Perú. Lima: UNMSM.

Seminario de Historia Rural Andina.

s/a  Inventario de bienes artísticos y arqueológicos del SHRA. Lima: UNMSM. Catalogadora: Sofía Pachas.

Imagen:

Fotografía: SHRA-UNMSM. Pueblo naciente, Juan Zárate.

Virgilio Freddy Cabanillas

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999107298