La diablada altiplánica. Herencia cultural en la encrucijada.

El Perú y el Alto Perú. Un nombre compartido.

Algunas personas no quieren entender que entre el Perú y Bolivia hay una frontera política, que no es cultural. Incluso desde la historia política hay una estrecha relación que se pretende olvidar.

Desde el siglo XVI hasta la creación del virreinato de Buenos Aires la audiencia de Charcas fue parte del Virreinato del Perú. En 1809 en la Proclama de la Junta Tuitiva (firmada por Pedro Domingo Murillo en La Paz), se hacía alusión al “Imperio del Perú” en sentido de pertenencia. Y los mismos Libertadores Bolívar (carta a Sucre del 26 de abril de 1825) y Sucre (Memoria presentada a la Asamblea General de los departamentos del Alto Perú el día de su instalación), insisten en llamar Alto Perú a lo que después fue Bolivia. Renegar de un nombre que también es suyo, es darle la espalda a su propia historia.

Incluso el Acta de Independencia de nuestro vecino dice Alto Perú en cuatro ocasiones. Lo mismo hallamos en los historiadores e investigadores bolivianos, que recuerdan la antigua denominación. Por ejemplo:

Octavio Moscoso: Apuntes biográficos de los próceres y mártires de la guerra de Independencia del Alto Perú, Bolivia (1885).

Gabriel René-Moreno: Últimos días coloniales en el Alto Perú (1896).

Luis Paz: Historia general del Alto Perú hoy Bolivia (1919).

Alcides Arguedas: Usa el nombre de Alto Perú en su Historia general de Bolivia (1922).

Julio Rodríguez Rivas: Médicos y brujos en el Alto Perú, Enciclopedia boliviana  (1989)

Podríamos insistir en los procesos históricos que compartimos, como por ejemplo la guerra con Chile. En aquella ocasión el Perú fue arrastrado a un conflicto por cumplir honorablemente su alianza con Bolivia. Las consecuencias fueron terribles para nuestro país, pero nunca he escuchado a un boliviano agradecer el gesto del Perú, al menos en esta generación. Y ser desagradecido es uno de los antivalores más ignominiosos del ser humano.

Moneda histórica: El Perú. Potosí. Año 1680.

La diablada altiplánica

Se trata de una manifestación cultural que ha evolucionado en el tiempo, con aportes y matices de uno y otro lado del lago. El antecedente más notable es la representación de ángeles y diablos danzando, que los misioneros jesuitas presentaban en Juli (Puno) a fines del siglo XVI (Ricardo Arbulú Vargas, Enrique Cuentas Ormachea).

Por cierto, en diversas partes del Perú hay danzas de diablos, diablicos o saqras: Cajamarca, Piura, Lambayeque, La Libertad, Lima, Cusco, etc. La diablada altiplánica no es un caso aislado.

Martínez de Compañón: Danza del ángel y demonios (norte del Perú, siglo XVIII) / Pancho Fierro: Son de los diablos (Lima, siglo XIX) / Enrique Brüning: diablos de Lambayeque (1900 aprox.).

Mariella Bereche: Diablicos de Huancabamba / Agencia Andina: Diablicos de Túcume / Municipalidad de Cajabamba: Diablos de Cajabamba / V. F. Cabanillas: Saqras de Paucartambo.

En el caso de Puno, hay diablos que bailan con los sicuris en los siglos XIX y XX. La agrupación más famosa de sicuris es la del Barrio Mañazo, que se remonta a 1892. Los pobladores de esta localidad -matarifes y arrieros-, difundieron por el Altiplano su comparsa de diablos (Juan Palao: La diablada puneña. Origen y cambios, 2010).

Gracias al profesor Juan Carlos La Serna (UNMSM), que ha publicado varios documentos (Sicuris, máscaras y diablos danzantes. Historia de la Diablada y la identidad cultural en Puno. MINCUL, 2018) tenemos información que antes los autores bolivianos e incluso peruanos desconocían. Pero la historia se basa en fuentes y ahora están publicadas.  

Hacemos una selección de los documentos publicados por La Serna:

  1. Relación remitida al obispo de Puno por Mariano Arriaga, cura de la doctrina de Atuncolla. Puno, agosto de 1868. Archivo del Obispado de Puno.

El sacerdote menciona bailes «degenerados» como aquellos «con nombre de Lanlacos o Diablos», «porque sirve de completa irreverencia a la Majestad Divina con acciones indecentes y bulla de cencerros». 

2. Diablos en Juli (1936)

Jorge Dulanto Pinillos describe una festividad: «Juli está de fiesta, celebrando a Nuestra Señora de la Concepción, patrona del pueblo. En la plaza, los indios alcanzaron un ritmo perfecto. Los tañadores de quenas, los tamborilleros vestidos con riquísimos trajes, llevando lunas en la frente, collares de medallas de oro y plata, cinturones de color, forman un friso de perfecta unidad rítmica. Hay ángeles, como las representaciones medievales del paraíso, diablos a montones, satanaces y luciferes futres y endomingados que no huelen a azufre ni tienen colas de llamas».

3. Comparsa de sicuris Juventud Obrera, en la festividad de la Virgen de la Candelaria. “La fiesta obrera de ayer”. Los Andes, 15 de febrero de 1937.

«Después del consabido lunch criollo, alternado con vino, cerveza y (…) se inició el baile de la «pandilla» a los acordes de una numerosa banda de «Sicuris» muy bien presentada, ingresando la comparsa a la ciudad por el Arco Deustua en número de 44 parejas, delante de las cuales marchaba, para abrirles paso una pandilla de diablos, chunchos, pieles rojas, chuttas, en número considerable. Acabado el recorrido en el Arco Deustua y la plaza Pino, se retornó al local de la Calle Lima N° 5».

Cómo se puede apreciar, ya en ese tiempo los puneños gustaban de incorporar “figuras” del cine y la historieta como los pieles rojas.

4. En 1946 Jaime Serrutto Florez describe la presencia de diablos en los sicuris: Tipos, costumbres y danzas de mi tierra. Archivo Histórico Regional de Cusco. Monografías, Vol. VI, N° 22.

«(…) forman parte también de la comparsa [de sicuris] una infinidad de danzarines con sus disfraces respectivos y portando una careta según lo que representan. Entre estas figuras tenemos: el sajra o diablo, cuyos atavíos son: un pantalón largo y bien ajustado que llega hasta los tobillos, de la cintura le pende una especie de falda, pero recortada en seis partes, lleva una camisa con mangas largas, por encima del pecho lleva un pañolón de color, la cara la tiene recubierta por una careta que representa al diablo, de aspecto repugnante lleno de reptiles; en la cabeza llevan peluca blanca. Es el tipo más ágil pues danza dando saltos en el aire y moviendo los pies con rapidez pasmosa, en una mano lleva el trinche y en la otra una representación hecha de barro de una criatura. […] detrás de este va otro danzarín que se denomina “Ángel” cuya vestimenta consiste en una bata hecha y bordada con hilos de plata, llevando por careta la representación de una fisonomía de mujer hermosa».

5. También en 1946, Augusto Robles Gutiérrez (Fiestas y danzas indígenas en el departamento de Puno) relaciona sicuris con diablos:

“La danza de los sicuris podemos dividirla si se quiere en dos planos para así darnos cuenta cabal como es la estructura de estos bailes, así tenemos en primer plano: las comparsas propiamente dichas, o sea donde están los músicos acompañados de los tambores, platillos, triángulos, bombos, etc. Los zampoñistas van en línea de una fila ocupando las dos veredas de la calle, las zampoñas son de distintas clases y tamaños que dan diferentes notas, los instrumentos según la nota que dan toman el nombre de arcas y iras, nombres dados todos ellos por los mismos zampoñistas.

En segundo plano tenemos a otro grupo de bailarines que intervienen en esta danza, llamados las figuras, estos van bailando por delante de los músicos. Estas figuras son peculiares, hay que verlos bailar, ellos causan mucha hilaridad, y distracción ya sea por el vestido que llevan y las distintas maneras que tienen de bailar cada figura.

Citaremos unas cuantas y principales figuras, entre ellas tenemos el diablo, cuya vestimenta consta de una gran peluca color rojo trenzado con cintas de seda, luego viene una grotesca careta hecha ingeniosamente de yeso imitando a dragones, serpientes, dando la forma más horrorosa, luego viene una especie de pechera, adornado por lentejuelas y cintas de todo color, en la espalda pende un pequeño mantón de seda, más después viene un calzoncillo de pierna larga y de la cintura pende una especie de pollera recortada en varias secciones, de la misma manera adornados primorosamente con piedras de color, lentejuelas, brocados y cintas de color, usan guantes de color y llevan una arma contundente llamada trinche, que le sirve para hacer asustar a los chiquillos y demás gente que miran pasar a los bailarines. El movimiento de este baile consiste en dar pequeños saltos cruzando los pies, y alzándolo a una considerable altura, por consiguiente para bailar este baile el individuo deberá tener cierta resistencia física para así soportar los diferentes recorridos que se hacen en la ciudad».

Estos datos traen al piso la tesis boliviana que en el Perú no había diabladas porque no ha quedado registrada música propia. Queda claro que era con sicuris.

Don Pedro Andrés Corrales Flores

Por supuesto que en Bolivia también hay registros antiguos, pero son bastante conocidos y están publicados. Pero es necesario precisar que en la conformación de la famosa diablada de Oruro, tuvo un papel fundamental un peruano, don Pedro Corrales. Cuya nacionalidad fue revelada por su propio nieto Francisco Corrales en entrevista concedida a Ariel Villazón. Cómo sabemos los hijos recibimos la información acerca de nuestros abuelos de boca de nuestros padres. Esa información oral transmitida por la familia es certera, a menos que se haya querido ocultar el origen del abuelo de manera premeditada. Que no es el caso.

Fragmento de la entrevista:

-Cuéntenos, ¿Usted es el nieto de don Pedro Pablo Corrales antiguo bailarín de diablada de Oruro no es cierto?

-Correcto, pero hay un error en el nombre, se van equivocando bastante. Mi abuelo se llama Pedro Andrés Corrales Flores. Es el nombre propio del abuelo.

-¿No es Pedro Pablo entonces? ¿Pedro Andrés entonces era orureño?

-No, el es peruano. Nacido en Puno en una de las provincias…

-Este término «mañazos» viene de Puno, de la zona de Puno, ¿Por qué los bolivianos empiezan a usar el nombre de «mañazos»?

-Bueno, últimamente hemos hecho algunas investigaciones según los historiadores de acá de Oruro, que viajaron precisamente por Puno, e indican que hay un pueblito cercano a Puno llamado Mañazo…

Sin embargo, luego de muchos años, Francisco Corrales, influenciado por un conocido anti peruano -que está en permanente campaña contra nuestro país-, se ha desdicho. La razón, le han mostrado una partida de matrimonio en la que Pedro Corrales es anotado como nacido en Cochabamba. Resulta que ahora se llama Pedro Daniel y no Pedro Andrés ni Pedro Pablo. Si fuera la única fuente el dato sería inobjetable, pero al existir una fuente oral de primera mano, la partida queda en entredicho. Demás está señalar que en la documentación registral antigua hay innumerables casos de data inexacta o confusa. Por cierto, en la nueva entrevista Francisco Corrales señala que el origen peruano de su abuelo era información manejada por los historiadores de Oruro. Era vox populi que era peruano.

Imágenes reveladoras

Postal de 1916. Diablos danzando en Oruro. Uno de los bailarines luce el escudo del Perú en el pecho.

Diablos danzando en la plaza principal de Puno (1922). Col. Elard Chaiña.

Diablo puneño (1922). Col. Elard Chaiña.

Martín Chambi: Diablo puneño (1925 aprox.).

Diablo puneño (1928). Colección Lizandro Luna.

Abraham Guillén: Saqra Tusuy (1939 aprox.). El autor hizo un notable registro de trajes y danzas de la sierra peruana.

Pierre Verger: Diablada de Ichu (1943). Fotografía publicada en el libro Fiestas y danzas en el Cuzco y en los Andes (1951).

Pierre Verger: Diablo de Ichu (1943). Fotografía publicada en el libro Fiestas y danzas en el Cuzco y en los Andes (1951).

Diablada de Ichu. Ilustración del libro Conozca el Perú, de Teófilo Maguiña (1965).

Máscara de saqra. Colección Arturo Jiménez Borja.

Víctor Humareda: Procesión serrana (década del 60). Museo de Arte de Lima.

Arcángel. Colección Arturo Jiménez Borja.

Álbum Mi Perú 3. Editorial ALMEX (1967).

Miniaturas peruanas de plástico (década del 70). Colección V. F. Cabanillas.

Diablita puneña. Fiesta de la Candelaria 2007. Fotografía: V. F. Cabanillas.

Karen Schwarz, Miss Perú Universo 2009. Traje diseñado por  Ricardo Dávila.

Los bolivianos que atacan al Perú usan insistentemente un texto del autor peruano Roberto Valencia, que en 1968 (Los Andes, 20 de febrero) criticó la presencia de danzas bolivianas en la festividad puneña. Es obvio que desconocía las fuentes que explican el proceso de las danzas altiplánicas. Lo que los críticos bolivianos olvidan, es que inmediatamente Valencia fue refutado en el mismo diario por Luis Abarca (Los Andes, 28 de febrero) con una frase contundente:

«La Diablada es una danza común perteneciente a ambos países como es el lago milenario […] no se puede admitir que la Diablada sea de exclusiva propiedad de la vecina república de Bolivia sino de la meseta del Collao». Es honesto contar la historia completa.

Por eso no es de extrañar la desconcertante presencia de símbolos propios del escudo peruano en trajes bolivianos, en los primeros años del siglo XX. Asunto estudiado por José Morales Serruto.

También leemos con insistencia que «todo es de Bolivia», porque cuando las bandas, mascareros y bordadores peruanos no se dan abasto, ha sido costumbre traer músicos e indumentaria del otro lado de la frontera. Eso nunca fue un problema, porque se comparten similares manifestaciones culturales. Hoy en cambio se ha sembrado el árbol de la discordia y sus frutos son venenosos. Por cierto, también las agrupaciones peruanas se han presentado en Bolivia. Víctor Villar («Medio siglo de diabladas». Los Andes, 5 de marzo de 1968) señala lo siguiente:

«Y por un fenómeno análogo, las actuales diabladas, morenadas, llameradas, cullahuadas, etc. etc. de las provincias limítrofes del Perú y Bolivia, triunfan aquí o acullá, solamente por su mayor prestancia, señorío, técnica, las que hoy por hoy, se yerguen más en Puno, al punto de haber alcanzado mayor suceso en la propia capital de la hermana República, en pleno corazón de La Paz, en medio de caudalosos aplausos». Ya imagino la sonrisa que se dibuja en los labios de mis lectores puneños.

VARIEDAD DE DANZAS PUNEÑAS

Similar situación pasa con la morenada. Por cierto, en todo el Perú hay danzas de negritos, negrillos y negrerías (Huánuco, Pasco, Junín, sierra de Lima, Huancavelica, Cusco, etc.). Igual que la diablada, la morenada del Altiplano no es un caso aislado, inventado de la nada.

PÁGINA 3: Negritos de Huánuco / Asociación Cultural Auténticos Negritos de Vicco / Correo: Negrería de Andabamba / Lucero Centeno: Qhapaq Negro de Paucartambo.

Recurrimos nuevamente a los documentos publicados por el profesor La Serna para verificar la presencia de “morenos” o “negros”, en las fiestas puneñas. Por ejemplo, la descripción de la  Fiesta de la Candelaria de 1912, en el artículo “Fiesta de la Patrona” publicado en El Inca. Diario de la tarde (5 de febrero).

«Desde la mañana del sábado una cabalgata de indios en su mayor parte ebrios, han interrumpido el silencio de nuestra ciudad con la tradicional entrada, acompañados de morenos, llameros y todo el conjunto de devotos que componen los bailes. Un movimiento inusitado de indios y el bullicio que genera estas fiestas fue precursora de la fiesta de la Candelaria. (…) A las 2 y media de la tarde salió la procesión, la Virgen que lucía elegante (…) recorrió las calles de Lima, desde el templo de San Juan, para dar una vuelta completa a la Plaza de Armas, para regresar por la calle de Arequipa (…). Numerosos fieles en su mayor parte indios, escoltaban la procesión, junto con los llameros, morenos, sicuris, etc., formando una apiñada muchedumbre, no ha faltado el tradicional danzante, y otros rezagos de los tiempos atrás que todavía subsisten. (…) Hoy ha quedado restablecido el silencio; sin embargo, uno que otro moreno con su vestido vistoso y sus plumas coloreadas transita las calles». 

En 1928, Emilio Romero (El departamento de Puno) describió el lujo ornamental de la indumentaria de los sicuris:

«Consiste en un grupo de indios vestidos de caballeros de la edad media, con grandes anacronismos. Entre ellos hay que ver al torero, con auténtico traje de luces, la sota de bastos del naipe español vestido de fino terciopelo, los caballeros de empolvada peluca y levitas bordadas con brocados de oro y filigranas de plata junto a las piedras preciosas, falsas o legítimas, millares de lentejuelas y cintas de sedas brillantes. Todos llevan la zampoña en la mano y bailan en rueda arrastrando los pies en pasos menudos al compás de la música que toca una fanfarria que repiten elegantemente».

Max Uhle: danzarines y sicuris. Veáse detalles como la escarapela peruana, las máscaras, las matracas, las antaras, etc. Fotografía de inicios del siglo XX, conservada en un conjunto de vistas peruanas del Ibero-Amerikanisches Institut (Berlín).

Juliaca (1913).

Pierre Verger: Morenos de Ichu (1943). Fotografía publicada en el libro Fiestas y danzas en el Cuzco y en los Andes (1951).

Festividad Virgen de la Candelaria UNESCO

Acerca de esta famosa celebración fiesta circulan versiones diversas en las redes. En este caso sólo interesa la información de la página oficial de UNESCO en su sección Patrimonio Inmaterial de la Humanidad:

«Celebrada el mes de febrero de cada año en la ciudad de Puno, la festividad de la Virgen de la Candelaria comprende actos de carácter religioso, festivo y cultural que tienen sus raíces en tradiciones católicas y elementos simbólicos de la cosmovisión andina. Las fiestas dan comienzo a primeros de mes con la celebración de una misa al alba, a la que sigue una ceremonia de purificación ancestral. Al día siguiente por la mañana, tras un acto litúrgico, se transporta una imagen de la Virgen de la Candelaria para hacerla recorrer en procesión las calles de la ciudad con el acompañamiento de danzas y músicas tradicionales. Luego, las fiestas prosiguen con la celebración de dos certámenes en los que compiten unos 170 grupos de toda la región, que totalizan 40.000 bailarines y músicos aproximadamente. Los participantes principales en esos certámenes son los habitantes de etnia quechua y aimara de las zonas rurales y urbanas de la región de Puno. Muchas personas oriundas de Puno que emigraron de la región vuelven a esta con motivo de las fiestas de la Candelaria, lo cual contribuye a reforzar en ellas un sentimiento de continuidad cultural. Tres federaciones regionales de practicantes de este elemento del patrimonio cultural colaboran en la organización de las festividades y en la preservación de las técnicas y conocimientos tradicionales relacionados con la danza, la música y la fabricación de máscaras. La transmisión a las generaciones más jóvenes de todos esos conocimientos se efectúa mediante la organización de ensayos musicales y coreográficos, y también mediante la creación de talleres para la fabricación de máscaras. Las fiestas finalizan con una ceremonia en honor de la Virgen, un concierto y misas de despedida». https://ich.unesco.org/es/RL/la-fiesta-de-la-virgen-de-la-candelaria-en-puno-00956

Como se puede apreciar no se mencionan danzas bolivianas como señalan algunos propagandistas anti peruanos en las redes. Además se incluye un conjunto de fotografías, algunas de las cuales reproducimos a continuación:

https://ich.unesco.org/es/RL/la-fiesta-de-la-virgen-de-la-candelaria-en-puno-00956

Hay que agregar que tanto la Festividad de la Virgen de la Candelaria como el Carnaval de Oruro ostentan la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por Unesco. La categoría Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, que tanto proclaman en Bolivia, ya no existe en la página oficial de UNESCO:

https://ich.unesco.org/es/RL/el-carnaval-de-oruro-00003

Plagio, plagio…

Desde Bolivia hay una campaña feroz en las redes para denigrar al Perú. Insisten irresponsablemente en acusarnos de plagiarios. Maticemos.

Una de las canciones más representativas de Bolivia dice a la letra: «Viva mi patria Bolivia / Una gran nación / Por ella doy mi vida / También mi corazón…». Es una cueca boliviana, un ritmo que deriva de la zamacueca de la costa peruana. Es decir una variante. ¿Alguna vez han escuchado a algún peruano acusar de plagiario a los cultores de la cueca? Nunca, porque respetamos los los intercambios culturales entre países vecinos.

Igualmente, en el convite del Carnaval de Oruro 2026, hemos visto el uso del tumi (Cultura Lambayeque) en algunos ornamentos de los participantes. Y los peruanos no estamos en las redes gritando «plagio, plagio». También se ha visto a algún grupo de baile acompañado de su banda que interpretaba Tu amor compraré, un tema famoso del grupo peruano Los Pacharacos. Y los peruanos no hemos hecho un escándalo internacional por dicha canción.

Por cierto, ya que los bolivianos insisten en su originalidad y creatividad exclusiva, debo recordarles que en los años 50 algunos de sus mascareros usaban como modelo figuras de diablos tibetanos de la revista National Geographic. Por eso hay que ser cuidadoso antes de lanzar acusaciones contra el prójimo.

Carnaval de Oruro: Fraternidad Hijos del Sol Los Incas. Usan como símbolo el tumi de la costa norte del Perú.

La extraordinaria cantante boliviana Betzabé Iturralde en Machupicchu (1982). Tiempos de confraternidad e intercambio cultural. Lamentablemente, hoy pasamos por una etapa de chauvinismos irracionales.

Finalmente

Querer monopolizar una manifestación cultural de territorio fronterizo es absurdo. Por eso la UNESCO ha desestimado los reclamos bolivianos contra el Perú. Y gritar «plagio, plagio» como autómatas no es un argumento serio. Más hermandad y menos peleas. Lo digo desde un país que tiene trece Sitios de Patrimonio Mundial y quince manifestaciones de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad declarados por UNESCO. Por ello no necesita plagiar a nadie.

Incluso compartimos una de las declaraciones de Patrimonio Mundial: «Qhapaq Ñan – Sistema Vial Andino» y otra de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad: «Protegiendo el patrimonio cultural inmaterial de las comunidades aymaras en Bolivia, Chile y Perú (Registro de buenas prácticas de salvaguardia)». Entonces, ¿Por qué algunos insisten en pelearse con el Perú y negar la interculturalidad?

Con sus cabezas zoomorfas, sus elegantes trajes multicolores y  sus movimientos graciosos y/o gimnásticos, los diablos danzarines no resultan repulsivos. Cuando danzan en las calles no traen desgracias ni maldiciones, por el contrario, todos sentimos que se celebra la vida. Y al terminar la fiesta, los viajeros nos acercamos a la imagen de la Virgen, para despedirnos y pedirle que nos permita volver a su santuario, a su fiesta y a su lago. Quizás el próximo año… «Vamos a cantar de noche y de día, que el Ave María no cese jamás…».

Virgilio Freddy Cabanillas Delgadillo

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