EL DOCTOR MACERA EN LA MEMORIA

La noticia corrió por las redes sociales. Pablo Macera ya camina entre los seres mágicos del ande y de la selva, visita a los sabios de tiempos ancestrales y conoce por fin el verdadero rostro de Túpac Amaru.

Él surcó por los afluentes de la Historia social, económica y  política, y se internó en recónditas e ignoradas manifestaciones de arte popular. Su ingente legado académico y estético, compone un corpus que los peruanos aprenderemos a aquilatar conforme asumamos que ya no está entre nosotros.

Miro la estremecedora portada de su libro escolar para segundo año de secundaria, y entiendo por qué escogí los murales de Huaro para mi tesis de licenciatura. Y recuerdo las conversaciones con el maestro, como aquella mañana en la que hablábamos de lo complejo de los problemas  nacionales. De pronto cortó la conversación y se retiró, cuando trataba de despedirme se volvió y me dijo: “Esto no es un país… no sé qué es… pero no es un país”. Y se fue. Me quedé parado pensando en esas palabras. Y es que un verdadero maestro no tiene todas las respuestas, pero es capaz de despertar en sus alumnos la inquietud atormentadora de repensar los temas capitales. Todavía no puedo explicar que es el Perú, pero gracias a esa duda clavada en mi ser he tratado de entender un poco más la belleza y tragedia de mi “país”. Desde su larga historia y desde su producción artística.

Está grabada en mi memoria la tarde en la que me permitió conocer su colección de arte popular. Al llegar a la vitrina de los amaru-tejas, observé estupefacto esas formas extrañas de animales híbridos con restos de líquenes y los ojitos resaltados por piedrecitas brillantes. Cuál habrá sido la expresión de mi rostro, que el maestro me miró entusiasta y compartió lo que sentía: “¡Estos son dioses!”. Efectivamente, estábamos mirando algo más que objetos antiguos. Esas piezas condensaban en su contenido formal y visual parte de una vieja cosmovisión persistente en el  tiempo. Y teníamos el privilegio de verlas de cerca.

En medio de todo, es bueno saber que hay un proyecto de restauración para el Colegio Real, monumento histórico en el que Pablo Macera pasó gran parte de su vida. En dicho proyecto hemos planteado que el ambiente que acogió al doctor -al lado de la oficina del SHRA-, se convierta en una sala de exposición permanente dedicada a su vida y obra. Hacemos votos para que las envidias y mezquindades de quienes se consideran sacrosantos, no pongan trabas a esta iniciativa.

Es una noche luctuosa. El Perú ha perdido a uno de sus últimos sabios.

Virgilio Freddy Cabanillas Delgadillo

9 de enero del 2020.

Deja un comentario