El Museo de la Nación -en la actual sede del Ministerio de Cultura- fue inaugurado en el primer gobierno de Alan García (1990) y fue desarticulado en el segundo mandato aprista (2008).
La colección del MINCUL incluye objetos de valor histórico y antropológico de distintos períodos y regiones del Perú. Y un interesante acervo de pinturas, grabados y esculturas que representan varias líneas del arte peruano moderno y contemporáneo. Eso incluye el rubro del arte popular (cerámica, retablos, imaginería, máscaras, indumentaria, etc.), que por ser tradicional no deja de ser actual.
Destacan la colección de pintura indigenista, las obras del ceramista cusqueño Edilberto Mérida («barro de protesta»), así como una tela (Espejismo) de Tilsa Tsuchiya, extraordinaria artista peruana cuyas obras maestras se encuentran en colecciones privadas. También Ángel llorando de Dalí y Pájaros de Miró, obras donadas a nuestro país en el contexto del terremoto de 1970.
Además de los mencionados, están representados artistas como Teodoro Núñez Ureta, José Sabogal, Julia Codesido, Enrique Camino Brent, Leonor Vinatea, Macedonio de la Torre, Fernando de Szyszlo, Marina Núñez del Prado, Alfredo Alcalde, Ramiro Llona, David Herskovitz, Víctor Humareda, Sabino Springett, Felipe Lettersten, Ciro Palacios, Cristina Dueñas, etc. Todo este importante acervo permanece guardado.
Es urgente recuperar este espacio estratégico ganado para museo: una estación del Metro de Lima que comunica San Juan de Lurigancho con Villa El Salvador. Actualmente se espera el replanteamiento de la exposición permanente del Museo de la Nación, la misma que debería explicar la configuración de la nación peruana con sus múltiples identidades, desde una mirada estética.
Además de la colección de arte ya mencionada, otro de sus ejes podría ser el montaje de máscaras y trajes de danzas de todo el país. Cada baile y/o festividad con su respectivo video.
También es tiempo de enriquecer la colección. Por ejemplo, con obras de la brillante hornada de pintores amazónicos, las variantes recientes del retablo y la cerámica de Ayacucho o las rutas que explora el tejido urbano, serrano y amazónico.
Ya que el MUNA será un gran museo arqueológico en Lurín, y el MNAAHP (Pueblo Libre) continuará mostrando una síntesis de la historia peruana; el Museo de la Nación podría enfatizar los componentes estéticos y la diversidad de nuestros procesos culturales. No nos conformamos con ver al museo convertido en sala de muestras temporales; es necesario democratizar las colecciones mediante una exposición permanente. Si el nombre del museo trae a colación resquemores políticos, basta con denominar a la muestra «Sala Permanente Colección del MINCUL».
Por el momento se pueden visitar las exposiciones temporales en la Torre Kuélap y la muestra fotográfica Yuyanapaq, de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (sexto piso).
Virgilio Freddy Cabanillas
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